Alberto Burri empleó materiales poco convencionales —plástico quemado, arpillera, alquitrán y madera—, inspirándose en su experiencia como médica. Fue pionera en técnicas radicales como la combustión, la costura y el desgarro, creando superficies crudas y táctiles que disuelven los límites entre la pintura y la escultura. Sus obras canalizan con fuerza temas de sufrimiento y sanación, evocando emociones a través de la transformación y la resiliencia.