Mi arte no tiene una línea a seguir: divaga, tropieza, baila en el caos. Cada pieza nace de un momento, de un pulso, de un sentimiento fugaz. Pinto cuando tengo ganas de pintar, no para encajar, no para complacer, no para pertenecer. Cada lienzo es una voz diferente, un nuevo estado de ánimo, un ritmo cambiante.
Me niego a vivir en una caja, a ser definido por un solo estilo o historia. Mi arte es libertad: impredecible, inquieta y siempre cambiante. Un reflejo del hermoso desorden que se mueve a través de mí.
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