Influenciada por el impresionismo y su formación en psicología, Carol Murphy utiliza óleos y pasteles suaves para pintar obras naturalistas y sutilmente abstractas que transitan entre el realismo y la abstracción. Su obra, que evoca la tranquilidad del jardín de Giverny de Claude Monet, refleja la belleza intrínseca de la vida en lugar de imponer narrativas preestablecidas. De este modo, conmueve al espectador con una resonancia serena de experiencias universales compartidas.