Cundo Bermúdez, un maestro de los tonos vibrantes y la herencia cubana, utilizó la pintura para resumir el espíritu de La Habana. Fusionó la abstracción lírica con elementos figurativos, creando un tapiz de formas geométricas y figuras de ricos tonos que hacen eco de la vida palpitante de su isla natal. Su arte irradia alegría, una celebración de la identidad cultural y la conexión humana, envolviendo al espectador en un cálido y exuberante abrazo de color y forma.