Ewa Juszkiewicz, una surrealista polaca que redefine el retrato, fusiona técnicas clásicas con la disrupción contemporánea. Sus figuras, arraigadas en la estética histórica, se transforman a través de intervenciones poco ortodoxas: trenzar la flora con la carne. Sus pinturas provocan una belleza inquietante, invitando a los espectadores a una danza de lo familiar y lo desconocido.