George Grosz utilizó sus habilidades en pintura y dibujo para representar crudamente la escena berlinesa de la década de 1920, evolucionando desde el dadaísmo hasta un defensor de la nueva objetividad. Empleó agudas técnicas caricaturescas y un estilo cínico para criticar la sociedad y la política. Su obra palpita con cruda emoción, exponiendo la corrupción y la decadencia de la época.