Una curaduría de Flavio Scaloni, Gallery Manager en Galerie Lo Scalo – El acto de fumar en el arte sirve como una metáfora compleja del paso del tiempo, la naturaleza efímera de la vida y la difusa línea entre la sofisticación y la autodestrucción. Simbólicamente, el humo representa la tradición de la "vanitas", un recordatorio de la mortalidad donde las volutas ascendentes reflejan el alma humana fugaz. Psicológicamente, el cigarrillo suele funcionar como un elemento de contemplación, ansiedad o identidad rebelde. Desde 1950, los artistas han pasado de la idealización del hábito a exploraciones críticas y conceptuales. Philip Guston utilizó frecuentemente el cigarrillo como símbolo de la neurosis solitaria del artista en obras como "Malos hábitos" (1970). David Hockney exploró la intimidad doméstica de la pipa en "El estudiante: Homenaje a Picasso" (1973). En fotografía, el mundialmente famoso Irving Penn capturó la cruda realidad del hábito en su transformadora serie "Cigarrillos" (1972), elevando los desechos a arte monumental. Esta selección examina cómo los artistas contemporáneos siguen utilizando el humo para visualizar el aliento invisible de la existencia.
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