Una curaduría de Rose Boutboul, Independent Curator en – Il ya mille manières d'aimer New York — et aucune ne se ressemble.
On peut l'aimer pour sa lumière qui rebondit sur les vitres, pour ses rues pleines de visages, pour son caos vibrante y sa beauté brutale.
Esta curaduría reúne las obras que traduisent este afecto: intime, caotique, vivante.
Chez Helen She, la ville devient un battement lumineux, un corps nocturno atravesado por energía. Pablo Guillamon hace una pulsación numérica, où le mouvement se mele à la couleur. Claudette Griffiths superpone texturas y símbolos para reflejar la diversidad y la tensión de la vida urbana. En Chervine, una mujer atraviesa la ciudad como un sueño envejecido: elegancia silenciosa en el corazón del tumulto.
Angela Wichmann dice el chaleur d'un soir d'été, Gerlinde Kosina la nostalgia del souvenir, Yoann Borsato la puissance culturelle et colectivo des rues, tandis que Raniero Botti explora la geometría y el rigor.
Ce que j'aime à New York, c'est ce paradoxe: tout y est trop - trop grand, trop rapide, trop vivant - et pourtant tout y semble à sa place.
Estas obras no buscan el representante fiel, sino que revelan la textura sensible: la vibración de los neónes, el eco de las faltas, la luz de una mañana después de la lluvia.
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