En esta obra, me interesé por explorar la presencia única de una flor, poniendo el foco en su simplicidad aparente y, al mismo tiempo, en su complejidad estructural. Desde un fondo oscuro, sus formas comienzan a revelarse; los pistilos emergen como signos vitales, trazando una coreografía contenida de presencia y deseo. Me atrae esa tensión entre lo que se muestra y lo que permanece en sombra, entre lo que se despliega y lo que se retiene.