“No entiendo cómo pueden dormir”, murmuró en la penumbra, su voz apenas un susurro. Los demás no respondieron. Él sabía que no lo harían. Ellos ya habían aceptado su destino; él, en cambio, luchaba contra la inevitabilidad, contra la atracción de aquel otro lado. Quería saber qué había allí, pero temía descubrirlo.