De buen grado se hace uno pirata como pintor. Así me encuentro en el Caribe, solo, luchando contra dragones, buscando botines nuevos con el pincel, barita mágica que lo vuelve todo luminoso. El vapor de mar de los piratas se hunde, como el holandés errante, pero ellos siguen pintando sin estos sobresaltos de por aquí, donde los modernos luchamos, -alguna catástrofe purificadora probablemente- se avecina, como en la escena.