En esta obra vuelvo hablar de calma, de una paz profunda, es una paz ganada, con una carga de sabiduría y resistencia.
El rostro de Malala, con los ojos cerrados y esa ligera sonrisa casi imperceptible, comunica una serenidad que ha sobrevivido al fuego. No es una paz por falta de conflicto, sino una paz a pesar del conflicto.