Esta obra nació del gesto instintivo de una madre que amamanta, pero al pintar, al mirar, esa madre se transformó en madre creadora.
El cuerpo se funde con la tierra, con la raíz y el territorio.
No hay frontera entre la piel y el paisaje: la maternidad se revela como origen, refugio y fuerza generadora de vida.
Al girar el cuadro, cambia la lectura y también la emoción, recordando que todo depende del punto desde donde se mire.