La ciudad de Valparaíso, respira en diagonales.
Los ascensores suben y bajan,
Entre los rieles vibra el azul,
un azul que se deshace en la distancia,
que toca el mar y se mezcla con el cielo.
Veladuras de luz cubren los techos,
pinceladas de niebla,
El Peral:
dos mitades de un mismo sueño,
una subida, una bajada,
y en el centro,
la pintura que respira.