En la segunda obra, el punto de vista desciende. El cuerpo ya no es una sombra sino materia: aparece la carne, la respiración sugerida por las burbujas, el contacto con el fondo marino. Introduzco elementos orgánicos —algas, rocas— que anclan la escena y generan una tensión entre lo humano y lo natural. La luz se vuelve más difusa, más envolvente, y la escena adquiere una cualidad casi íntima.