En esta obra pinto un paisaje interno, un territorio que se despliega entre veladuras, derrames y presencias que apenas se insinúan. Las transparencias y los azules se vuelven clima de una emoción en movimiento, mientras las capas superpuestas registran un eco íntimo, una resonancia que aparece y se disuelve. Es un lugar que no existe afuera, pero que llevo dentro: una geografía hecha de sensación, silencio y tránsito.