El arlequín, casi siempre varón, disfrazado con rombos, ha represado en la historia una especie de bufón, de payaso, cómico. Un tanto misterioso y desinhibido se ganaba la vida sirviendo a ricos y personajes célebres de la historia. A veces, pareciera más un mimo que con sus pantomimas generaba el buen humor y la risa de sus señores.