Incluso después del desastre más devastador, en medio del caos persistente, cuando hasta el último optimista ha perdido la fuerza para seguir esperando, el deseo de vivir despierta.
La naturaleza demuestra que lo incomprensible puede, en efecto, volverse comprensible.
De las cenizas de lo imposible, surgen nuevos brotes, frágiles pero radiantes, que llevan consigo la silenciosa promesa del renacimiento.