Un instante íntimo de mi hijo, captado en la sencillez de lo cotidiano. La escena, aparentemente trivial —comer un cachopo—, se convierte en un momento de pausa y concentración, casi de recogimiento.
La pincelada suelta y la luz construyen no solo la figura, sino también la mirada de quien observa desde el vínculo. No es solo una escena doméstica, es una forma de detener el tiempo y conservar lo que pasa demasiado rápido.