Un rostro espectral, de trazo crudo y eléctrico, aparece coronado por líneas que oscilan entre aura y espinas. La pintura remite a una tradición pictórica donde lo primitivo se vuelve lenguaje contemporáneo, en un gesto que equilibra violencia y poesía. La frase “Nothing is yours”, pintada en aerosol, resuena como advertencia y sentencia: nada nos pertenece, ni siquiera la propia identidad que el cuadro deja entrever.