Pintada la cara de alegría, aunque el alma me insiste en quedarse gris.
El girasol me susurra que es verano, pero por dentro… hay un otoño que no se va.
Sostengo mi historia en la palma de mi mano, no por cansancio del mundo, sino de fingir que no duele.
Y a pesar del girasol en mi pecho,
la tristeza necia, se aferra a mi alma.