Martina Jakoby-Eckert, formada en historia del arte y diseño de interiores, utiliza principalmente acrílico sobre lienzo, complementado con elementos grafiti que le confieren una deliberada crudeza e ingenuidad. Su obra se caracteriza por el realismo mágico y el expresionismo abstracto, con una profunda apreciación por el color y su naturaleza rebelde. La metafísica desempeña un papel fundamental en su arte. Siluetas faciales o humanas aparecen con frecuencia en sus pinturas, generalmente representando la esencia o la fuerza humana y con la intención de visibilizar lo invisible. Sus vibrantes pinturas de gran formato evocan emociones complejas y un poder interior, permitiendo al espectador descubrir sus propias historias.
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