Dos figuras enfrentadas en tensión, como si intentaran decir algo que ya no encuentra forma. El gesto se expande, las bocas dicen palabras que no llegan: se disuelven en el trazo, en la nada, se pierden en la materia.
El díptico no separa, amplifica el eco. Entre ambas piezas habita el silencio, ese espacio donde lo no dicho pesa más que cualquier discurso. Es la imposibilidad de nombrar lo esencial, el instante en que la voz existe… pero ya no alcanza.