En la laguna del Tuntún, Kaya Yarina eleva la mirada hacia un horizonte que aún no se nombra. Rodeada del verde inagotable de la selva ecuatoriana, su gesto es un puente entre el pasado ancestral y un futuro que ella intuye. No es solo una mirada, es un acto silencioso de transformación. Si esta obra cruza tu espacio, quizá, sin esperarlo, notes un cambio: un eco de fuerza interior, una pausa que te invita a replantear tus propios límites.