El paisaje se diluye entre velos lilas, ocres y azules. Las figuras se funden con el fondo, en un estado de suspensión entre el antes y el después. No hay huida ni llegada, solo flotación. El agua lo cubre todo, y la escena se convierte en un umbral, donde la batalla quizás ya ocurrió o está por comenzar. Es un apunte a base de pinceladas que forman parte del desplazamiento, del exilio, de la lucha constante contra un paisaje desconocido y abverso.